Y decidimos agarrar el remo


Después de la experiencia a lo largo del río Paraguay, llegamos a orillas del Guaporé/Iténez con la intención de realizar una navegación autónoma, para poder decidir nuestro ritmo de viaje y conocer mejor las comunidades y quilombos que hay en él. Para esto nos hicimos en Remanso con una canoa de madera y nos dejamos llevar por el río abajo.

Llegamos a Remanso tras 46 horas de viaje en el único medio de transporte que se atreve a llegar hasta este rincón de Boliva de forma semanal. A Cubilla –el pionero jefe de la flota Trans Bolivia- le quieren hacer un monumento en este pueblo de menos de 1.000 habitantes, pues es él quien ha permitido que su gente salga fácilmente por Bolivia y no dependa solamente de la orilla Brasileña para temas de salud, educación o comercio, como hasta hace unos años venía ocurriendo como mandan los lógicos cánones de buena vecindad.

Remanso es un pueblo hermoso, donde aún se conserva la arquitectura tradicional de la zona y muchas de las casas de cuando era un centro explotador de la siringa o árbol de caucho en su segunda época dorada (que en esta zona llegó hasta los años 60 del siglo pasado). El caucho se extrajo con ansia de nuevo durante este periodo a base de mano de obra semiesclava, que la conformaban los propios originarios de estas tierras y los traídos bajo engaño de diferentes puntos de la Chiquitania boliviana. Es esta gente y los hijos de ellos, quienes conviven hoy en día con los nuevos vecinos venidos del occidente del pais. Un crisol de gentes con una identidad relativamente nueva que mira al Iténez y al Cerro San Simón –el centro minero de oro cercano- como fuentes de ingresos y de sustento, mientras sueñan por conseguir la ansiada emancipación municipal de Baures a donde pertenecen y de quién dependen, estando a cientos de quilómetros de distancia y con una selva de por medio. Soñando con llegar a poder abrir una nueva fuente de ingresos y trabajo: el turismo, algo que mal gestionado en el río puede ser un arma de doble filo social y ambiental.

Nos recibe con una calurosa bienvenida Doña Evi, una maestra jubilada del pueblo que ejerce de madre improvisada de todo peregrino que se presente por allí, con su cocina siempre dispuesta a quemar leña, memoria viva del pueblo y de la vida en el río. Los días aquí girarán en torno a ella y su adoptada familia que la conforman dos chiquillos, una joven madre de ellos y Don Charro, vecino que viene a comer cada día y a conversar con nosotros -lo que nos sirve para contextualizar la orilla boliviana antes de partir-. También se convierte en centro de nuestros días el descenso a remo y la búsqueda de una embarcación para llegar al menos hasta Costa Márques, en la orilla Brasileña, a unos 500 km de distancia y principal ciudad de todo el río con 10.000 habitantes.

Tras unos días de intensa búsqueda, de ver varias canoas en múltiples estados de conservación, de intentos de venta a precios desorbitados por nuestro aspecto de extranjeros; conseguimos que Don Perro (así es conocido Walter en todo el río) se ablande y nos venda a un precio razonable su canoa de cinco metros de itaúba –la madera local más preciada para la construcción de canoas-. La tiene fuera de uso y dada la vuelta desde hace un año bajo la sombra de un árbol por fuera de su casa. En tiempo récord la estopamos y calafateamos con brea, le hicimos las indispensables parrillas para colocar en el fondo y evitar que se nos mojasen nuestros equipajes, compramos los víveres y lo que creíamos necesario para el viaje, y practicamos dos días durante unos minutos de remo, de la orilla a la playa de enfrente. Playa que desde que llegamos hasta que marchamos ha surgido de la nada y que sirve de lugar de recreo vespertino para la muchachada del pueblo.

En estos días buscamos a las personas que aparecen nuestra lectura de viaje, Caminos de Agua de Román Morales, para mostrarles la belleza en la que se convirtió el paso de un canoero por aquellos ríos y que hoy también inspira nuestra pequeña expedición. Todos quedan agradecidos a lo largo del río, será el libro y su lectura en voz alta siempre un talismán a la hora de desembarcar en cualquier lugar. Nos informamos un poco más acerca de la idoneidad de nuestra empresa, y tras adevrtir que nadie nos toma por locos si no por corajudos, tras saber que río abajo no hay pérdida ya que las bahías están todas de subida, que es la época en la que las playas emegen como anti-oasis en medio del desierto verde y azul donde petas y tartarugas se solean y desovan, que hay cientos de veces más ataques de personas al caimán y al tigre –como se conoce al jaguar, Panthera onca– que lo contario, y cuando nos aseguramos de que nuestra canoa no hace tanta agua como al principio tras una nueva calafateada; decidimos que es el momento de empezar un nuevo tramo ribereño de nuestra ruta.

Guaporé/Iténez

Dos nombres para un mismo río. Dos orillas. Dos países. Múltiples culturas. Vestigios -tristemente vestigios- de culturas originarias. Un estado, Rondonia, con una historia cruenta y devastadora, y un presente en lucha in extremis por salvar algo de lo que queda virgen. Una banda boliviana conservada en un estado envidiable por muchos países amazónicos. Una población afroamericana pionera en su huída de la esclavitud, en el corazón de Sudamérica y que iremos  conociendo a través de los quilombos.

No cesan las ganas de seguir conociendo la vida de los ríos, su historia, su presente, su mirada al futuro, su naturaleza… al amanecer vamos haciendo recuento de lo que necesitamos mientras escuchamos el rítmico golpeteo del tacú. Un chico de unos 11 años se afana en pelar el arroz  que hoy se cocinará en casa, probablemente acompañado de uno de los muchos pescados que tiene este río y que a nosotros nos servirán también de base alimenticia. Comienza esta nueva etapa ribereña de la ruta que tiene pinta de ser bien especial.

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La carretera que parte Bolivia en dos pasa por el TIPNIS


En los próximos días empezamos el contacto con la Amazonia. Las expectativas son dejarse llevar por la velocidad del río e intentar entrar en contacto con su naturaleza y sus habitantes. La cabecera amazónica nos espera, comenzando en uno de los afluentes del Mamore, que a su vez lo es del afluente principal del Amazonas: el río Madeira.

Hemos pasado tres semanas alejados de los ríos. El motivo ha sido nutrirse de bibliografía, preparar la nueva incursión a un río bastante desconocido como es el Guaporé o Iténez (como se conoce en su tramo boliviano), conocer la belleza y la cultura de lugares del oriente boliviano como Tucavaca, Santiago de Chiquitos o Aguas Calientes; y compartir un tiempo con amigos en la siempre controvertida Santa Cruz de la Sierra.

En la capital ganadera y gasífera del país, son los grandes  empresarios y terratenientes los que lideran la oposición al gobierno, que ha sido y es, muy polémica en sus formas desde la ascensión del MAS al poder en 2005, ahora con el intento de apoderarse de un discurso indigenista (oriental y autonómico) y ambientalista del que el presidente Evo Morales ha sido desposeído. Dersposeído por su terca posición ante el conflicto del TIPNIS, el principal escollo que está minando su popularidad y que está poniendo en cuestión de la validez de su figura para seguir liderando el proceso de cambio en el que lleva inmerso el país en estos años.

Resulta que en el TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure), supuestamente protegido según la Contitución del Estado Plurinacional de Bolivia, hay proyectada una carretera que pretende atravesar este lugar de la alta amazonia, donde a pesar de los destrozos hechos por madereros y cocaleros ilegales, aún se conservan formas de vida en las cuales el ser humano lleva confiando siglos, y que han hecho que esta porción amazónica sea considerada como una de las mejores conservadas de toda la región.

No pasaremos por el TIPNIS en nuestra ruta, pero estamos seguros de que el caso resonará en sus profundidades, igual que muchos otros proyectos del IIRSA que ya se han realizado o que están en fase de implementación o planificación. La Amazonia está en peligro, su biodiversidad, su cultura y su gente están de hecho desapareciendo. El TIPNIS está en lucha rebelde contra el gobierno impulsor de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Hay muchos intereses de uno y de otro lado (gobierno y oposición), con mucho dinero de por medio en forma de contratas, madera, cultivos y ganadería. Es un asunto de respeto a dicha constitución y de control y fin de las actuales explotaciones ilegales.

Nos viene a la mente la canción de Calle 13 que refleja el sentir de mucha gente que quiere vivir de otra manera, porque QUIERE Y PUEDE:

SALIR DE LA CIUDAD

Viviendo en el Barrio San Isidro estos días hemos vuelto a ver la cara de Santa Cruz que se esconde detrás de una ciudad de dos millones de habitantes y de caótico desarrollo, con una carencia de servicios básicos en la mayoría de su superficie como el alcantarillado, la gestión de basuras, etc… decenas de iniciativas se asoman, consolidadas o de reciente surgimiento, que pertenecen a barrios y movimientos ciudadanos. Como el Espacio Kempff y el Centro Cultural San Isidro en la Villa Primero de Mayo y el Plan 3.000 respectivamente. Que trabajan en la toma de conciencia y la prevención del riesgo de la juventud e infancia en estos barrios de la periferia.

Salimos de la ciudad, volvemos al río. La ganas son muchas de volver a tener las sensaciones que nos han ido surgiendo hasta ahora, compartimos una orilla: la del omipresente Brasil -en la devastada Rondonia-; e iniciamos una nueva: Bolivia. Esperamos conocer su naturaleza, a sus habitantes, sus alegrías y preocupaciones, sus medios de vida, para seguir alimentando el blog y así compartirlo. Hasta entonces.

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Bahía Negra. La cultura Yshir y las Kuña Guapa


Última oportunidad de compartir un tiempo con Paraguay. En el extremo norte del río homónimo está Bahía Negra, la última ciudad fluvial en territorio paraguayo, que como las otras, se extiende a lo largo de las orillas del río expuesta al capricho de las crecidas. Además con las connotaciones sociales que implica ser triple frontera entre Paraguay, Brasil y Bolivia (contrabando, desposesión de tierras y control militar), y estar asentada en territorio ancestral Yshir.

Pasamos aquí tres semanas buscando la mejor manera para cruzar el Pantanal, lo cual termina siendo una árdua y lenta tarea. Mientras tanto, compartimos comidas, cenas y buenas conversaciones con la comunidad Yshir de Puerto Diana. Y conocemos y disfrutamos, a través de la limpieza de dos hectáreas de terreno colindante al pueblo, que la Asociación Kuña Guapa -Mujer Trabajadora-, compuesta por doce familias, se está preparando para ocupar estas tierras, titularlas y cultivar para poner a la venta productos de primera necesidad, que hoy en día llegan en barco una vez por semana, en un lugar donde el litro de gasolina cuesta US$ 2,2.

NACIÓN YSHIR

Puerto Diana es la comunidad Yshir a través de la cual entramos en contacto con este grupo originario del Chaco y de las riberas del río Paraguay. Los Yshir tradicionalmente ejercían un nomadismo ribereño que les hacía ocupar desde lo que es hoy Puerto Guaraní, hasta el destacamento militar de Cerrito Jara, y unos 150 Km hacia interior del Chaco. Nos encontramos con Estanislao Báez, el actual dirigente de la comunidad, y nos cuenta que hacían uso de los recursos hasta que se alcanzaba el límite sostenible, momento en el que se mudaban a un nuevo emplazamiento. Hoy en día cazan, pescan y cultivan pequeñas chakras para consumo comunitario y autoconsumo. Son 2.345 hectáreas de terreno lo que posee Puerto Diana en la actualidad, y entre todas las comunidades Yshir son 25.828 Has tituladas. Lo grave no es sólo la poca cantidad de territorio para vivir de modo tradicional, sino que estos están fraccionados entre sí, y no se puede caminar por los terrenos privados que los separan. El caso Yshir es un claro ejemplo de alto riesgo de pérdida cultural, muy afectada por su larga historia de contacto con las empresas tanineras, donde se les  retribuía el trabajo con escasas provistas y abundante alcohol. Paralelamente, han sido evangelizados por diversas comunidades religiosas (Salesiana y Misión A las Nuevas Tribus, principalmente). Es así que, en varias misiones y en distintas etapas y momentos se ha prohibido el uso del idioma, los bailes, el shamanismo, las pautas sexuales y otros aspectos íntimamente relacionados a la cultura y estilo de vida propios (IDEA, 2004) llevando a cabo un proceso de desculturalización galopante. Durante este tiempo pudimos tener el honor de observar la visita de un pastor evangélico, con toda su parafernalia de fieles y autos último modelo, que hizo entrega de bienes a cambio de fe a aquellos que aguantaron su chaparrón oratorio durante varios días.

Hoy en día las cosas en Diana han cambiado, pero parcialmente. Dorma y Leutimio nos abren las puertas de su casa desde el primer momento. Casa, como no, de Karanda’y (Copernicia alba) la palmera omnipresente y de la que están hechas todas las construcciones de la zona, de la que además se obtiene el palmito y que se utiliza para hacer utensilios de uso diario con sus hojas. Compartimos dos días de intercambio de cocina y curiosidades, sentándonos a una mesa servida con algunos productos recién sacados de la pequeña chakrita adosada a la casa, que los abastece de verdura fresca.

Leutimio nos cuenta cómo se gana la vida pescando en el Onota (Río en Yshir, algo casi con personalidad propia en la tradición Yshir según Estanislao) que es la base de la vida en la zona. Pesca principalmente surubí y morenita, que venderá para el mercado de Concepción y Asunción, y como carnada para los turistas brasileños que vienen desde Porto Murtinho pescando río arriba. Leutimio sale con un compañero de noche, cuando el tiempo es favorable y la necesidad aprieta. Llevan una barca de remos y descienden varias decenas de kilómetros de río para volver a subirlo horas o días después. Pescan con redes y con anzuelo, una árdua tarea este frío invierno que los mantiene paralizados muchos días. La competencia es dura, otros en la comarca tienen deslizadoras a motor y pescan lo mismo en pocas horas, pero en Puerto Diana se pesca así desde hace mucho y nunca faltó. Aún así Leutimio y Dorma no pierden la sonrisa, la curiosidad y la amabilidad. Haciéndonos compartir con su familia y algunos vecinos que siempre merodean la casa, ratos de buenas conversaciones. Es un placer acostumbrar el oído al nuevo ritmo que supone la lengua Yshir emparentada con el Ayoreo, y un gusto volver a cocinar con leña.

Cuando alguna mañana, en nuestro trabajo en la chacra, veíamos peligrar nuestro tereré por el vertido de miles de litros de gasolina en el río, nos acordábamos de aquellos para los que, unos kilómetros más abajo, dejan de llamarlo río para llamarlo Onota. Los vertidos provienen del lucrativo negocio del contrabando de combustible. Son los empujes de la famosa hidrovía que, cuando antes de salir de territorio paraguayo no encuentran comprador del previamente exagerado excedente -en total confabulación con la armada paragauaya destacada en Bahía Negra e inmersa en múltiples negocios ilegales-, se ven “obligados” a verterlo al río, para en su próximo viaje volver a poder declarar una necesidad mayor de gasolina para seguir haciéndose de oro, eso sí, solamente en los límites de Paraguay, que los brasileños son muy estrictos.

La ayuda internacional llega a Puerto Diana según nos cuentan en forma de ganado, promesas de dinero generado por el negocio de los bonos de carbono y herramientas para el trabajo del campo. Existen casos de fraude, existen casos de aprovechamiento de los recursos externos, pero a un pueblo no se le puede hacer creer que su futuro depende de lo que reciben de afuera. Muchos son los que gracias al libre uso de su idioma, la educación dentro de la comunidad y la toma de conciencia de la importancia de conservar los conocimientos que atesora una cultura como la Yshir, han llegado a la conclusión de que no será el tío de la República Checa quien les saque del atolladero mental al que han querido llevarles, y se han puesto a recuperar su tradición y a reclamar un trato justo con su cultura.

KUÑA GUAPA O LA ESPERANZA

Bahía Negra es ahora Kuña Guapa. Una Asociación de Productoras Chacreras que significa Mujer Trabajadora en lengua guaraní. Pero para nosotros esta asociación bahianegrense que conocimos a través de la familia de la Cueva, significa muchas cosas como esperanza, ayuda mútua, ilusión, respeto por el entorno, realidad, amistad, justicia, futuro…

Esperanza porque la gente de Bahía Negra empieza a ver que de ellos depende su futuro. No de multinacionales, ni de ONGs, ni de estancieros, ni de políticos. Sino de las iniciativas que de ellos nacen al calor de sus propias necesidades, como es el alimento.

Ayuda mútua porque las cosas funcionan en base a algo tan olvidado allá donde la cultura del consumo ha llegado. Donde existe un acuerdo en el cual el dinero no juega parte del intercambio, donde no hace falta llegar a contratos y las cosas no solo se dan por hecho, sino que se hacen. Cada cual realiza una y todas las tareas para sí y para los demás, cortar leña, trocear madera, pescar, cocinar, quemar rastrojo, lavar la ropa o cebar un tereré. Todos con una meta común.

Ilusión por no depender del dichoso barco que viene una vez a la semana para comer tomate, zanahoria, papa o mandioca a precios desorbitados. Por la ilusión de parejas jóvenes enfrascadas en un trabajo con sentido desde lo común.

Respeto por el entorno porque una hectárea de cultivo por familia no solo no hace mella en el territorio, sino que ayuda a no depender de grandes extensiones de cultivo que destrozan ecosistemas enteros, o de importaciones que en su trayecto consumen recursos energéticos valiosos.

Realidad porque está pasando. Porque esta es la base desde que el ser humano se puso a vivir en comunidad. Y porque en lugares donde hace mucho que no pasaba, se recupera.

Amistad porque es lo que sentimos entre aquellas familias, que desde el primer día nos brindaron un espacio donde aprender, compartir,  escuchar, ser tenidos en cuenta, reir y hasta llorar, pero de emoción.

Justicia porque es justo que quien tiene un proyecto como este pueda llevarlo a cabo aunque no tenga tierra. No olvidar que un gobierno con un dirigente en entredicho y ahora destituido con una extraña artimaña legal, fue el que impulsó algunas iniciativas como esta que están llevándose a cabo y que también han sido el eje sobre el que se ha movido su sepultura.

Futuro porque hay un germen que brota en el barrio norte de Bahía Negra y que esperamos se disperse por el resto de las casas…

FINAL DE ETAPA

Han sido dos meses y medio, y mil kilómetros de río Paraguay, con un mosaico de culturas unidas no por el guaraní (que no une a todos los pueblos), sino por el acto de compartir que está presente en todos los lugares que encontramos. Compartir es una palabra escuchada varias veces al día, y el tereré un arma de paz de efecto inmediato, que el simple hecho de ofrecerlo obliga a una mirada, una sonrisa, un saludo o un gracias. Acto ritual de entrada a una casa o una parada en el trabajo donde compartir una charla entre compañeros. Paraguay abre sus puertas, tanto que a ratos le comen el terreno y pierde su tierra. Que no cambie Paraguay en su forma de ser abierta y compartidora, hace que se sienta un lugar mágico y lleno de pequeñas alegrías diarias; y que por ese carácter envidiable no se deje engañar por su clase política, con la falsa democracia importada de occidente donde también hace muchos años que huele muy mal.

Seguimos rumbo a Bolivia a través del Pantanal. Una larga parada en Santa Cruz de la Sierra para hacer acopio de material, visitar gente y programar el intento de descenso del río Iténez o Gauporé hasta Guayaramerín. Mil kilómetros más de tierras bajas que siguen unidas por el agua y por las personas que las habitan.

GRACIAS PARAGUAY

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El negocio de contaminar


Antes de salir de la cuenca del Paraguay-Paraná, hacemos la última parada para conocer el Pantanal paraguayo y a sus gentes. De la visita a la Estación Biológica Tres Gigantes surgen múltiples reflexiones acerca del papel que juegan las organizaciones conservacionistas en el negocio de la “protección del medio ambiente”.

La última parada de la ruta dentro de territorio paraguayo es para conocer el confín norteño del país sobre el río Paraguay: el pueblo de Bahía Negra y su entorno chaqueño-pantanaleño. Es nuestro último tramo en el Aquidabán, de nuevo con tiempo sur y algo más desahogado de gente, lo cual nos hace encontrar un sitio para dormir más sencillo en el barco que los bahianegrenses odian y aman por igual, al ser el medio por el que reciben insumos y por el que salen incómodamente cada vez que quieren llegar a otra parte del país en esta larga época de lluvias.

Lo primero que hacemos al descender del barco es encontrarnos con Damián, quien nos dirigirá al cabo de poco tiempo a la Estación Biológica Tres Gigantes, a unos 40 kilómetros al norte sobre el río Negro, la frontera natural que divide el país con Bolivia. Damián y su equipo de trabajo son el personal contratado por Guyrá Paraguay, una ONG conservacionista que es propietaria del terreno en el que se encuentra nuestro destino y que en definitiva se trata de un alojamiento turístico de elevado coste, tanto en estancia como en transporte, y donde de vez en cuando se realizan algunos estudios de fauna y flora de la región. Nuestro cometido es conocer el río Negro y la naturaleza del lugar, algo imposible para nuestros bolsillos si no fuese intercambiando con Guyrá un censo completo del entorno de las especies de aves por nuestra estadía en Tres Gigantes.

La naturaleza no decepciona y en apenas 5 días de trabajo son 113 las especies de aves avistadas en los recorridos que hacemos a pie y a lo largo del río remando con el kayak. Además la naturaleza nos regaló la oportunidad de observar el mono aullador (Alouatta caraya), el mono tití (Callicebus pallescens), la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) y el Yacaré negro (Caiman yacare) entre otras especies. Ni que decir de la espectacularidad de los paisajes que conforman el río, sus sonidos, amaneceres, puestas de sol y noches estrelladas. Un placer solo interrumpido a ciertas horas por los mosquitos, que pueden perseguirte en nubes de cientos de individuos durante las horas clave. En lugares como este uno puede tender a pensar que el ser humano nunca puso un pie en ellos para que hayan llegado así hasta nuestros días, y que la única solución pasa por la conservación en manos privadas.

Nada más lejos de la realidad. Esta parte del río Negro hasta Cerrito Jara es territorio ancestral de los Yshir, quienes durante milenios hicieron uso de él de una forma sostenible, respetando los periodos de caza y pesca de las diferentes especies, sacando la madera de manera inteligente para las necesidades que requerían, consumiendo frutos y cultivando en pequeñas chacras para su sustento. Este uso responsable, ese conocimiento de la naturaleza, es lo que hizo que estos días pudiésemos disfrutar de las huellas del yaguareté o jaguar (Panthera onca) y otros depredadores en los caminos que recorrimos. Ahora está en manos privadas aunque conservacionistas, tras la compra de los terrenos a un terrateniente paraguayo; con el apoyo de inversionistas extranjeros de dudosa intención, que en muchos casos se tratan de empresas que hacen negocios terriblemente dañinos para el medio ambiente en otros puntos del planeta.

No dudamos de la buena intención de las personas que trabajan en Guyrá Paraguay como amantes de la naturaleza -nosotros lo somos también-. De su buen trabajo en el campo de la investigación. Ni qué decir acerca del maravilloso personal bahianegrense que nos encontramos trabajando en Tres Gigantes -Damián, Alexis, Inés y Ede-. Lo que creemos un engaño es la manera en la que actúan algunas organizaciones conservacionistas, apropiándose a base de talonario de extensas regiones de las que se enriquecen por los aportes a programas de conservación, haciendo promesas de trabajo incumplidas a las comunidades locales, firmando acuerdos de adquisición de territorios para la conservación que misteriosamente pasan años después a manos de inversionistas ganaderos o agricultores extranjeros o mirando para otro lado en cuestiones más graves ecológicamente en el propio territorio.

El comercio del CO2

Uno de los casos más escandalosos de comercio con la conservación, es el de las compensaciones de emisiones de CO2 o los famosos bonos de carbono. Este negocio inventado tras la firma del Protocolo de Kyoto en 1997, consiste en que si un país de los firmantes sobrepasa su tasa permitida de emisión de CO2, puede solucionarlo por el módico precio de 12 euros de promedio por tonelada. Así surgieron como setas empresas y organizaciones que se apuntaron al carro de estos bonos salvadores del oxígeno planetario, para compensar lo que otros destruyen.

Lo triste es que esos bonos sirven para conservar bosques que ya están conservados, es decir que no aportan ninguna novedad al planeta. Además lo hacen en muchos casos en territorios titulados a los pueblos originarios, con quienes llegan a acuerdos de no explotación de la zona que desde milenios ha sido conservada en perfectas condiciones. Esto es a cambio de promesas de dinero que resultan pírricas dentro de los montos que se mueven en el jugoso mercado del carbono, no llegando nunca a destino o transformando el modo de vida de comunidades. Y cómo no, dando vía libre a dichos gobiernos y empresas a la destrucción ilimitada del medio en otros puntos del planeta, e incluso dentro del propio Paraguay.

En la comunidad Yshir vecina de Bahía Negra, Guyrá Paraguay llegó recientemente a un acuerdo con ellos y con la Empresa de Logística Marítima Swire Pacific Offshore de Singapur (SPO) -una compañía líder proveedora de servicios a la industria petrolera costera y la industria del gas-, para llevar a cabo un proyecto al que llaman “Proyecto de Conservación de Bosques del Paraguay”, y cuyo objetivo según dicen es:

[…] proteger bosque suficiente demostrablemente amenazado de deforestación para prevenir la emisión de 840.000 tCO2e (expresados como Unidades Voluntarias de Carbono o VCUs, por sus siglas en inglés) a la atmósfera por un período de 20 años, con un presupuesto máximo de US$ 7 millones. En este contexto, la protección de la cobertura boscosa de la región Chaco-Pantanal contribuye a esa meta.

Suena bien, pero la realidad es que la supuesta “inversión” se hace sobre los terrenos titulados a la comunidad indígena. O lo que es lo mismo: nada que proteger, ya que, apenas hay unas decenas que se usan para cultivo, ganadería de subsistencia y la extracción de madera, lo cual no está haciendo que exista ese peligro de deforestación del que se habla. Se ofrece un dinero fácil, en este caso en el proyecto que abarca 4.745 has, se habla de 1 US$/ha/año año durante 20 años “para acciones que beneficien a la Comunidad Yshir, de acuerdo a sus prioridades”, y dejan que la naturaleza haga su trabajo. El monto final del proyecto es de US$ 7 millones, y los Yshir, que son quienes cuidan del bosque, recibirán en esos 20 años US$ 94.900 en metálico o en acciones que les beneficien. Hay 6.905.100 US$ que se quedan por el camino por contaminar de más. Rentabilidad total.

Como indican Tejido de Comunicación ACIN  en “El mercado del carbono, o el engaño de moda:

[…]El truco consiste en que ellos siguen contaminando y para justificar el daño ofrecen una cantidad de dinero a los países o a las comunidades que tienen muchos bosques. Nos dicen que nos van a pagar por tener bosques, pero en realidad lo que hacen es pagar por el derecho a seguir contaminando y aumentar sus ganancias. La plata que ofrecen por el negocio viene siendo una chichigua, una mínima cantidad, porque la mayor parte se queda en los intermediarios y los dueños del negocio. Las comunidades terminan en la última parte de la cadena o en la puerta del edificio para que les tiren un hueso, mientras que las grandes empresas o las bolsas de valores del mundo se quedan con la mayor ganancia en el piso más alto del edificio. La gente que recibe el hueso termina, en su propia tierra, como esclava de los que le tiran el hueso del piso más alto y, al mismo tiempo, como cómplice de la contaminación y de su propia destrucción […]

La naturaleza en este rincón de Paraguay es un espectáculo impresionante. Es un hecho que los territorios titulados a indígenas se conservan en muy buenas condiciones. Aquellos que han perdido muchos de sus valores naturales, por no decir todos, son con los cuales se ha comerciado sin tener en cuenta a las comunidades locales desde el principio. El mercado del carbono engaña a todos, a los consumidores que piensan que están del lado de los buenos que hacen su compensación de carbono, y a las comunidades que creen que tendrán beneficios económicos por no hacer nada. El discurso conservacionista está en manos peligrosas desde hace años y sus beneficios son muy importantes.

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Carmelo Peralta, la influencia brasileña y el pueblo Ayoreo


Carmelo Peralta es la entrada al Pantanal. Un mixtura de gentes y formas de vida en un entorno precioso. Los días pasan bajo la lluvia, conociendo todo lo que tiene que ofrecer una población de apenas 2.000 habitantes. La influencia brasileña ya se deja notar, la Isla Margarita ofrece el lugar de descanso perfecto y el pueblo Ayoreo lucha por mantenerse independiente en un entorno completamente ajeno a su tradición.

Está amaneciendo cuando descendemos del Aquidabán en Colonia Carmelo Peralta y el horizonte, lleno de colores, nos regala otro espactáculo gratuito de los que está lleno el río. Buscamos el lugar para instalarnos la semana que estaremos por aquí hasta que vuelva a subir el barco hacia el Norte, y mientras vamos descubriendo este hermoso lugar de unos 2.000 habitantes. Carmelo Peralta se extiende a lo largo de la orilla del río Paraguay, donde se intercalan enormes mangueros y casas elevadas sobre columnas de madera para protegerse de las crecidas, confiriendo a todo un aire caribeño y pausado, interrumpido los últimos días con la llegada de una lluvia casi permanente que limita nuestros movimientos.

Avanzando, apenas a un kilómetro al sur de Carmelo Peralta, empiezan a aparecer las casas de las comunidades Ayoreo que se asientan en esta parte del país –Cucaani, Isla Alta, Guidai Ichai, Tiogai y Punta-. Son casas bajas de madera con mucha vida fuera de ellas, donde la gente conversa mientras toma tereré, los niños juegan libremente, algunas mujeres tejen bolsos hechos de garabatá (Pseudannanas sagenarius), se juega al boley o se espera a alguien que quiera cruzar a la otra orilla.

En frente está Porto Murtinho, la ciudad brasilera situada más al sur sobre el río Paraguay, de donde destacan sus muros de contención construidos en la ribera para protegerse de las inundaciones y la enorme bandera brasileña que ondea en la plaza principal. Y entre medias de ambos, Isla Margarita, una pequeña isla habitada perteneciente a Paraguay y destino final de nuestros huesos molidos por el suelo del Aquidabán, después de un primer intento en la orilla de Carmelo Peralta, donde los mosquitos son dueños y señores de todo.

Lo que no cambia es la disposición de la gente que nos sale al paso, y que continúa con la tónica del viaje, la de la sonrisa fácil y la palabra amable ante cualquier pregunta.

LA INFLUENCIA BRASILERA

Aquí ya empieza a sentirse la influencia brasilera. El gigante que allí donde entra en contacto con sus vecinos, ejerce un influjo abrumador. El idioma se va entreverando con el castellano y el guaraní. La música y la televisión brasilera también puede verse y oirse en las casas paraguayas. Además, aquí la actividad brasilera es el sustento de muchas familias. La dinámica económica de esta zona pasa por la vida fazendeira en las estancias a uno y otro lado del río y el exclusivo turismo brasileño de pesca, que según la temporada acapara gran parte de la actividad diaria de muchos habitantes a través de la venta de carnada y el trabajo en los barcos de recreo. El transporte de pasajeros entre el lado paraguayo y el brasilero también es generador de ingresos, sobre todo para los Ayoreo que con sus deslizadoras cruzan una y otra vez el río. También se ven algunas pequeñas chacras de mandioca y batata que se cultivan para el sustento básico y la venta de pequeños excedentes.

Brasil, con una posición de superioridad económica en el Sur que se refleja en las relaciones que mantiene con el resto de países de Sudamérica -con sus megaproyectos hidroeléctricos, ganaderos, hidrocarburíferos, etc-, es un grandísimo especialista en ejercer una influencia casi colonizadora en las fronteras que tienen con sus vecinos y que les lleva a extender su poder más allá de las suyas. La población aquí lleva bien la relaciones entre ambos países y lo percibe como una fuente de ingresos, aunque sí se reflexiona acerca de la pérdida de autonomía por la posesión de la tierra y los negocios.

Hasta Murtinho se acercan estas noches algunos de los habitantes de Carmelo para asistir al rodeo. Un espectáculo a todo tren digno de los shows televisivos estadounidenses, que entremezcla la exaltación de la patria, el entretenimiento y las proclamas religiosas como nexo unificador del país.

EL PUEBLO AYOREO. ENTRE EL EAMI Y LOS COÑONE

El pueblo ayoreo fue contactado por los coñone -como ellos llaman a los blancos– apenas hace 60 años, cuando empezaron a explotarse los territorios en donde habitaban en total equilibrio con su entorno. El proyecto ferroviario al sur de Bolivia y la venta del Chaco para explotaciones tanineras, ganaderas y especuladoras, hicieron que los Ayoreo, tradicionalmente guerreros y nómadas, se enfrentasen con aquellos que trabajaban dentro de su tierra y comenzasen a tener miedo de lo que podría ocurrirles.

Ante esta situación, las autoridades de ambos países solicitaron a la iglesia católica, menonitas y evangélicos que les ayudasen a sedentarizar a los “salvajes” que tantos problemas estaban causando a sus proyectos. Poco a poco, con el miedo ante lo que estaba ocurriendo -dándose el caso de que el primer contactado, un niño, fue atrapado y exhibido en una jaula como si se tratase de un animal-, diferentes grupos fueron saliendo del monte y sumándose a estas misiones, atraídos por la idea de vivir una vida mejor. Todo esto hizo que fuese sencilla la colonización de los territorios para su uso ganadero y extractivo ante la ausencia de sus moradores originarios.

Una de las zonas donde se asentaron con las misiones en 1962 fue esta de Carmelo Peralta, y aquí siguen tras la titulación de 20.000 has al pueblo Ayoreo -dicho sea de paso, terreno que no forma parte de sus tierras originarias-, donadas por la orden salesiana que las compró en su día. Después de estos días, tras conversar con la gente Ayoreo que vive en las colonias de Carmelo Peralta, nos llevamos la impresión de que, evidentemente, han transformado mucho el uso que hacen del monte estando sedentarizados. Cambiando en poco tiempo muchas de sus costumbres, adoptando la forma de vivir de la sociedad que les rodea en cuanto a la obtención de ingresos económicos, a su apariencia externa, el aumento de la prostitución entre la población, el consumo de bienes materiales y otras sustancias propias de la sociedad occidental –como el alcohol-.

A pesar de todo esto, y tal y como aparece en el Informe IWGIA sobre El Caso Ayoreo en Paraguay, hemos podido comprobar que se guarda un sentimiento de pertenencia a un pueblo ancestral, se mantienen costumbres muy vivas y muchas de sus actitudes ante la vida siguen guardando la esencia de su cultura tradicional, como por ejemplo:

Una querencia por moverse más allá del limite de los territorios titulados –muchos prefieren trabajar lejos de su casa, hasta trabajando en Brasil por menos dinero, por el hecho de conocer nuevas tierras-.

La pérdida de valor de los bienes materiales –compran productos caros con lo que ganan, pero son capaces de desecharlos al poco de adquirirlos-.

La confianza en la naturaleza, en el mundo y en sí mismos –siguen extrayendo miel, cazando a menor escala, cultivando en pequeñas chacras, son los mejores pescadores no teniendo competencia en la venta de carnada a los turistas, demostrando un conocimiento del comportamiento de la naturaleza excepcional. Y siguen respetando a sus hermanos que aún viven en el monte-.

El alto grado de autonomía personal dentro de las estructuras de organización colectiva -demostrándose también en la segregación de las comunidades, que en un principio juntaron en una más grande, de nuevo en varias con el paso del tiempo.

Y la visión de equidad y respeto frente al mundo y el resto de sus habitantes.

Hoy en día se sigue comerciando con el territorio Ayoreo, donde aún habitan grupos que voluntariamente decidieron no entrar en contacto con los coñone. Estos grupos que viven aislados y que no quieren cambiar su manera ancestral de vivir, siguen respetando su Eami, término que en clave occidental podría ser traducido como “patria”, toda vez que entendamos esta palabra no en sentido nacionalista -protegido por fronteras, escudos y estereotipos-, sino como espacio compartido, animado por los imaginarios comunes y por el deseo continuo de conservar y producir comunidad. […] Si se desconoce la legislación vigente, si no se detiene la usurpación de los territorios Ayoreo y la destrucción de sus hábitats físicos y simbólicos, en poco tiempo habremos perdido no sólo la compleja riqueza del medioambiente sino la potencia de una cultura viva y resistente, obstinadamente refugiada en los bosques o dispuesta a asumir el conficto transcultural de acuerdo a modelos propios, a las normas de sus mundos particulares.(1)

DESPEDIDA

Nos vamos de Carmelo Peralta, Isla Margarita, La Punta, Porto Murtinho, con pena por marchar. Han sido 7 días basados en la isla de convivencia excepcional con sus habitantes. Donde un día puede empezar en casa de un vecino tomando tereré, la tarde continuar pescando en las orillas y acabar cocinando en casa de alguien, compartiendo un plato caliente mientras afuera diluvia. Esto es la otramérica, la de la gente de a pie que lucha cada día, trabaja, sonríe, respeta y comparte.

Nos encaminamos hacia Bahía Negra en el Aquidabán, con la previsión de no poder conectarnos de nuevo a internet hasta que pasemos el Pantanal. Intentaremos compartir unos días con el pueblo Ishir y también acercarnos a la Estación Biológica de Tres Gigantes y su entorno. Después buscaremos la manera de cruzar el Pantanal. Posiblemente estemos casi un mes sin dar señales. Hasta entonces.

(1) Ticio escobar, en el Informe IWGIA | Paraguay | El Caso Ayoreo.
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Puerto Casado: del tanino a la Secta Moon. Historia de una lucha por la dignidad


La historia de Puerto Casado es la de un pueblo que trabajó en la extracción de tanino durante más de un siglo a costa de mucho esfuerzo. Cuando hace algo más de una década se decidieron los propietarios de Puerto Casado S.A. a abandonar estas tierras que ilegalmente ocupó su emprendedor hace 130 años, lo hicieron una vez más sin contar con las gentes que viven en este territorio. La venta de 500.000 has a la coreana Secta Moon, de presencia mundial, provocó la definitiva reacción de un pueblo harto de ser meros espectadores de los juegos de poder que se libran en Asunción entre latifundistas y funcionarios gubernamentales. Es una historia larga y compleja que intentamos resumir a continuación.

 

Conocimos Puerto Casado a través del libro Caminos de Agua de Román Morales en el que relata su paso por este lugar en plena ebullición de un conflicto que no está acabado, pero que va recogiendo sus frutos. Casado, con 6.000 habitantes y a la orilla del río Paraguay, giraba en torno a una fábrica que ahora está en ruinas y que guarda la dolorosa historia de un pueblo sacrificado por más de cien años.

Para poner en antecedentes acerca de la historia de Puerto Casado, creemos que lo mejor es remitirnos en parte a lo escrito por Morales durante su viaje a remo uniendo las tres cuencas fluviales en solitario durante dos años y medio.

[…] La historia contemporánea del Chaco paraguayo pasa por la controvertida figura del inmigrante español nacido en Palencia en 1833, Carlos Casado del Alisal, un tipo tan glorificado como empresario, como denostado por la clase trabajadora. Con sólo veinticuatro años, el hombre había desembarcado en Buenos Aires dispuesto a aprovechar las oportunidades de una Argentina de promisión en la que casi todo estaba por hacer. Y bien que las aprovechó: en tan solo ocho años, Carlos Casado ya era dueño de una entidad financiera que llevaba su propio nombre y que más tarde vendería al Banco de Londres. Bien capitalizado, se dio a la labor de desarrollar el llamado Ferrocarril Oeste Santafesino para dar salida al cereal de aquella provincia hasta los embarcaderos del río Paraná. Entre sus logros está el ser el responsable de la primera exportación de trigo hacia Europa, seis veleros de ultramar que en 1878 zarparían del puerto fluvial de Rosario con destino a Glasgow cargados con cuatro mil quinientas toneladas de cereal, un hecho auroral que convertiría posteriormente a Argentina en el tan mentado “granero del mundo”. El palentino era ya una especie de monarca de las finanzas y reconocido prototipo de empresario emprendedor. Pero no se detendrían ahí sus ambiciones económicas, pues el Chaco paraguayo, tierra de indígenas inconquistados, poseía un recurso natural de creciente importancia en la industria mundial, un árbol de madera inquebrantable que generaría el más importante ciclo económico de la región: el árbol de quebracho (Schinopsis balansae). […] Carlos Casado adquiriría entonces cerca de seis millones de hectáreas “fiscales” en el Chaco paraguayo para explotar los quebrachales […]

Las leyes agrarias de la época impedían tal acumulación de tierras por parte de una sola persona o empresa, pero el avispado empresario se las arregló a través de terceros para ocupar una cuarta parte de la extensión total del Chaco.  Como se indica en el libro La lucha de la tierra en defensa de la vida, el pueblo Maskoy frente a Carlos Casado S.A., tal adquisición se realizó a través de 28 escrituras públicas y sorprendentemente, entre enero y octubre de 1886 Carlos Casado consigue titular a su nombre el 98,8% de la superficie total adquirida, lo que da una idea de la especulación que se tramaba en los despachos oficiales durante la venta del Chaco en aquella época.

[…] Como propietario supremo entendió que no sólo la tierra era suya, sino que también le pertenecían  las poblaciones indígenas que quedaban dentro de su inmensa propiedad. Tierra y propiedad son para los indígenas de América dos asuntos antitéticos: como tal, la propiedad individual sobre la tierra no existe; la tierra es un concepto, digamos, filosófico y plural,  donde lo comunitario se une a lo sagrado. En un principio a Casado no le hizo falta traer hacheros afuerinos para tumbar los árboles. Bastaba con forzar a los indígenas: o trabajaban en los obrajes o salían de “su” propiedad a golpe de fusil […]

En esta situación, los indígenas Maskoy que habitaban los quebrachales y el entorno de la fábrica de tanino, eran explotados y pagados en bonos canjeables en los almacenes que regentaba la empresa, en los cuales no podían adquirir muchos productos de primera necesidad y los que adquirían lo hacían a un precio elevadísimo. Hay también casos documentados en los que la empresa pagaba a los trabajadores dándoles 10 litros de caña (la bebida alcohólica nacional) introduciendo su consumo entre la población y haciéndoles dependientes del inhumano trabajo. Fueron ellos la semi-esclava mano de obra que sirvió para transportar y acomodar las durmientes del tren que se iría introduciendo Chaco adentro en busca de nuevos quebrachos, y que significó el secreto del éxito de la compañía, por el cual llegaron a acuerdos con los menonitas para la anexión de nuevas tierras a cambio de hacer llegar el ferrocarril hasta Filadelfia, cosa que nunca llegó a suceder.

Precisamente este tren sirvió a Casado S.A. para enriquecerse durante la guerra del Chaco contra Bolivia, ya que fue la vía de penetración al inexplorado territorio. Se usó para abastecer a las tropas Paraguayas en la contienda con la seguridad de que nunca serían atacados por los bolivianos por temor a meter a Argentina -nación de Casado S.A.- en la contienda.

Ante esta situación de aparente progreso y con un país desolado por la guerra, fue llegando gente de todo Paraguay atraída por la posibilidad de un trabajo que en muchos casos significaba la muerte faenando de hacheros en los quebrachales del interior del Chaco, de una madera tan dura y pesada que resulta casi imposible clavar nada en ella.

Esta situación se prolongó hasta finales de los años 70, siguiendo un modelo extractivista de la madera sin repoblar ni tener en cuenta las consecuencias ambientales, y por ende sociales que se desprendían de este sistema, agotando recursos vitales para los habitantes del Chaco a cambio de un trabajo inhumano.

Fue entonces cuando la comunidad Maskoy, en una situación de precariedad laboral absoluta y en emergencia alimentaria y sanitaria, se dedicó a reclamar su derecho a una parcela de 30.000 has de tierra que comprendían los territorios históricos de sus pueblos, para una autogestión comunitaria después de tanto tiempo bajo el mando de la compañía taninera. Seis años duró la negociación hasta que los Maskoy lograron su objetivo. Casado S.A. intentó todas las artimañas posibles para evitar la pérdida de unos terrenos de los cuales los indígenas habían sido desprovistos menos de un siglo atrás y en los que habían trabajado todo ese tiempo, habiendo pagando ya en todo caso su coste con dicho esfuerzo infra remunerado a lo largo de los años.

EL DESEMBARCO DE LA SECTA MOON O LA IGLESIA PARA LA UNIFICACIÓN DEL CRISTIANISMO UNIVERSAL

Durante la década de los noventa la compañía cambió su estrategia comercial de cara a la venta definitiva de la tierra, de la que poco a poco había ido desprendiéndose y lo cual le urgía ante el temor de que el ejemplo Maskoy se extendiese en sus posesiones. Con el hundimiento del precio del tanino, debido a la sintetización del mismo por la industria química, desaparecieron los trabajos de los hacheros –con sus consecuencias económicas para la sacrificada población casadeña, absolutamente dependiente de la fábrica- y comenzó un ciclo de falsas emprendedurías con el objetivo último de revalorizar sus agotadas tierras. Se cultivó arroz y se implementaron proyectos de piscicultura, que sirvieron para crear expectativas, acallar algunas voces y atraer compradores extranjeros.

En el año 2000, llegó el golpe definitivo a Puerto Casado. Desembarcó la Secta Moon, de la que se ha comprobado la vinculación con negocios de producción de armas y lavado de dinero, una organización especuladora mundialmente conocida que se enmascara en una iglesia liderada por el autodenominado “tercer mesías”. El señor Moon promulga entre sus acólitos que vino al mundo a rematar la faena que Cristo dejó sin terminar. Y bajo esa aparente intención de ayudar al prójimo adquirió sin previo aviso a la población -con el pueblo e inmuebles incluidos- las últimas 500.000 has que poseía la firma Argentina. Prometieron trabajo, becas y progreso; y todo aquel que no estuviese de acuerdo con la presencia de los nuevos compradores debía abandonar el pueblo ya que nada les pertenecía.

El pueblo a partir de este momento sufrió -y sufre- una fractura en tres partes: los que no están dispuestos a volver a ser dependientes y siervos de una empresa extranjera en la tierra donde murieron sus abuelos;  los que creen en las promesas de trabajo y bienestar difundidas por los nuevos propietarios al calor de la necesidad de la gente; y los oportunistas que ven en el conflicto una circunstancia perfecta para comprar tierras ante una posible expropiación del gobierno paraguayo. Ante esta situación, en 2005, la mayor parte de la población se organizó en una marcha hasta Asunción para reclamar sus derechos sobre la tierra que habitan y se realizaron ocupaciones de hecho de 35.000 has,  formando una cooperativa para su explotación y reconocimiento de la propiedad.

El proceso está resultando largo y jurídicamente complicado por el poder que tienen los Moon en altos estamentos sociales y políticos del país. Ante las complicaciones que iban surgiendo, el nombre de los explotadores de la tierra comprada a Casado S.A. fue cambiando, siendo en primer lugar La Victoria S.A. -arrendatarios de la secta- y cuyos dirigentes pertenecen al consejo directivo de los Moon, y al que ahora cambian su nombre al de Fundación Paz Global con el que gestionan todas sus actividades en terreno casadeño. También tienen acuerdos con el periódico ABC, de tirada nacional, en el que el periodista Roque Vera se dedica a publicar todo tipo de informaciones falseadas acerca de Puerto Casado, tergiversando a la opinión pública. Además se intenta enmascarar la lucha del pueblo casadeño en una disputa religiosa, por la implicación de los misioneros con la causa, que desde el principio nos comentan que optaron por la dignidad del pueblo, declarándose testigos de los atropellos que se realizan contra los ciudadanos.

En enero de este año 2012 se reconoció la ocupación de hecho que incluye el pueblo de Puerto Casado y las 35.000 has, lo que resulta el paso previo a la titulación de las tierras. La podredumbre llega hasta la corte suprema, donde en una votación anterior acerca de la expropiación de las tierras a los Moon, el voto en contra de la resolución que hizo inconstitucional la propuesta, fue dado por de entonces magistrado José Altamira, el cual es activo de la organización Patria Soñada que está directamente vinculada con Paz Global.

En estos días hemos hablado con todo aquel que ha querido abrirnos sus puertas, a favor y en contra del movimiento. Nos acercamos a la piscicultura –de donde se sacan apenas 150 peces de vez en cuando para una supuesta venta a las colonia menonitas-, y a la huerta ecológica -que no es tan ecológica según nos cuentan sus propios trabajadores- que están implementando a través de Paz Global. Esto aporta un trabajo  sin contrato y mediante el pago irrisorio, tardío y a en ocasiones través de vales canjeables a unas 100 personas. Nuestro objetivo era hablar con los directivos estadounidenses que están de visita estos días, y fueron ellos quienes dieron la orden, sin cruzar palabra con nosotros, de echarnos amablemente de los terrenos municipales donde se asientan.

La Secta Moon está desde hace tiempo detrás de la compra de grandes extensiones de terreno, los cuales coinciden con lugares que son reservas de agua dulce subterráneas, creando falsos emprendimientos económicos con diferentes nombres para justificar su presencia en los países, algo que por ejemplo no funcionó en Brasil de donde fueron expropiados y expulsados.

Nos marchamos de Puerto Casado con la esperanza de que su gente, que nos han recibido con las puertas abiertas y con los que hemos compartido largos ratos de conversación, logren el propósito de poder gestionar sus tierras de una forma independiente, sin comprometer los recursos de las generaciones futuras  y no dejándose llevar por los cantos de sirena que los oportunistas intentarán hacerles llegar para comprarlas y de nuevo encontrarse en la misma situación.

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Cuando la única salida es el Aquidabán


Y apareció el viento del sur, el que trae frío y lluvia y que suma más agua a los caminos del Chaco que se vuelven intransitables muchas veces  durante seis meses al año. Cuando esto ocurre, el Aquidabán es el único medio de transporte en el cual uno puede llegar hasta las poblaciones del Alto Paraguay.

Viajar en el Aquidabán entrando el invierno hace que se pueda comprender lo que significa este viejo barco de madera para los habitantes que viven de Concepción hacia arriba. Durante los días pasados llegó a bajar el termómetro hasta los 3º C y a la lluvia cuando le da por aparecer, se hace dueña de todo. Las personas que habitan esta zona vuelven a quedar incomunicadas por tierra siendo el río el único nexo de unión con el resto del país.

Este barco es un verdadero mercado flotante donde puedes comprar variedad de alimentos y otros productos en los puestos situados en su parte baja. Es uno de los pocos barcos que se utilizan para hacer llegar productos de primera necesidad por todas las estancias, pueblos y ciudades hasta Bahía Negra; y además es también el único que transporta pasajeros –sorprendente, viendo la demanda que hay en esta época y la cantidad de barcos que circulan por el río transportando mercancías-, que durante la noche viajan agazapados por todos los rincones del barco, desde la heladora cubierta hasta la ruidosa zona de máquinas, que a pesar del ruido desprende un calor tan agradable que decidimos tomarlo como el lugar donde recostarnos y dormir a ratos, interrumpidos por el ir y venir de las personas que pasan la noche paseando de un lado a otro del barco.

En cada parada, a la hora del día o de la noche que sea, se acercan hasta los muelles decenas de personas que una vez por semana esperan el barco que les traerá la encomienda que viene de Concepción, la visita de algún familiar, material para construir su casa o la mercadería para vender en su comercio. Paradas de una hora o más, donde los mozos encargados de la gestión de la carga se despachan con una naturalidad caótica en la que parece estar bajo todo control y funciona a la perfección, siempre acompañado por el buen humor de la gente paraguaya, la cual no pierde la paciencia ante ningún imprevisto del viaje.

Este será nuestro barco de referencia el tiempo que estemos en el río Paraguay. Cada semana nos subiremos a él para seguir uniendo ciudades, pueblos, estancias y comunidades. Ahora llegamos a Puerto Casado, un pueblo de 6.000 habitantes cuya historia viene resonándonos desde antes de salir de viaje, la de uno de los grandes abusos relacionados con la posesión de la tierra y la desposesión de derechos a sus habitantes.

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