Bahía Negra. La cultura Yshir y las Kuña Guapa


Última oportunidad de compartir un tiempo con Paraguay. En el extremo norte del río homónimo está Bahía Negra, la última ciudad fluvial en territorio paraguayo, que como las otras, se extiende a lo largo de las orillas del río expuesta al capricho de las crecidas. Además con las connotaciones sociales que implica ser triple frontera entre Paraguay, Brasil y Bolivia (contrabando, desposesión de tierras y control militar), y estar asentada en territorio ancestral Yshir.

Pasamos aquí tres semanas buscando la mejor manera para cruzar el Pantanal, lo cual termina siendo una árdua y lenta tarea. Mientras tanto, compartimos comidas, cenas y buenas conversaciones con la comunidad Yshir de Puerto Diana. Y conocemos y disfrutamos, a través de la limpieza de dos hectáreas de terreno colindante al pueblo, que la Asociación Kuña Guapa -Mujer Trabajadora-, compuesta por doce familias, se está preparando para ocupar estas tierras, titularlas y cultivar para poner a la venta productos de primera necesidad, que hoy en día llegan en barco una vez por semana, en un lugar donde el litro de gasolina cuesta US$ 2,2.

NACIÓN YSHIR

Puerto Diana es la comunidad Yshir a través de la cual entramos en contacto con este grupo originario del Chaco y de las riberas del río Paraguay. Los Yshir tradicionalmente ejercían un nomadismo ribereño que les hacía ocupar desde lo que es hoy Puerto Guaraní, hasta el destacamento militar de Cerrito Jara, y unos 150 Km hacia interior del Chaco. Nos encontramos con Estanislao Báez, el actual dirigente de la comunidad, y nos cuenta que hacían uso de los recursos hasta que se alcanzaba el límite sostenible, momento en el que se mudaban a un nuevo emplazamiento. Hoy en día cazan, pescan y cultivan pequeñas chakras para consumo comunitario y autoconsumo. Son 2.345 hectáreas de terreno lo que posee Puerto Diana en la actualidad, y entre todas las comunidades Yshir son 25.828 Has tituladas. Lo grave no es sólo la poca cantidad de territorio para vivir de modo tradicional, sino que estos están fraccionados entre sí, y no se puede caminar por los terrenos privados que los separan. El caso Yshir es un claro ejemplo de alto riesgo de pérdida cultural, muy afectada por su larga historia de contacto con las empresas tanineras, donde se les  retribuía el trabajo con escasas provistas y abundante alcohol. Paralelamente, han sido evangelizados por diversas comunidades religiosas (Salesiana y Misión A las Nuevas Tribus, principalmente). Es así que, en varias misiones y en distintas etapas y momentos se ha prohibido el uso del idioma, los bailes, el shamanismo, las pautas sexuales y otros aspectos íntimamente relacionados a la cultura y estilo de vida propios (IDEA, 2004) llevando a cabo un proceso de desculturalización galopante. Durante este tiempo pudimos tener el honor de observar la visita de un pastor evangélico, con toda su parafernalia de fieles y autos último modelo, que hizo entrega de bienes a cambio de fe a aquellos que aguantaron su chaparrón oratorio durante varios días.

Hoy en día las cosas en Diana han cambiado, pero parcialmente. Dorma y Leutimio nos abren las puertas de su casa desde el primer momento. Casa, como no, de Karanda’y (Copernicia alba) la palmera omnipresente y de la que están hechas todas las construcciones de la zona, de la que además se obtiene el palmito y que se utiliza para hacer utensilios de uso diario con sus hojas. Compartimos dos días de intercambio de cocina y curiosidades, sentándonos a una mesa servida con algunos productos recién sacados de la pequeña chakrita adosada a la casa, que los abastece de verdura fresca.

Leutimio nos cuenta cómo se gana la vida pescando en el Onota (Río en Yshir, algo casi con personalidad propia en la tradición Yshir según Estanislao) que es la base de la vida en la zona. Pesca principalmente surubí y morenita, que venderá para el mercado de Concepción y Asunción, y como carnada para los turistas brasileños que vienen desde Porto Murtinho pescando río arriba. Leutimio sale con un compañero de noche, cuando el tiempo es favorable y la necesidad aprieta. Llevan una barca de remos y descienden varias decenas de kilómetros de río para volver a subirlo horas o días después. Pescan con redes y con anzuelo, una árdua tarea este frío invierno que los mantiene paralizados muchos días. La competencia es dura, otros en la comarca tienen deslizadoras a motor y pescan lo mismo en pocas horas, pero en Puerto Diana se pesca así desde hace mucho y nunca faltó. Aún así Leutimio y Dorma no pierden la sonrisa, la curiosidad y la amabilidad. Haciéndonos compartir con su familia y algunos vecinos que siempre merodean la casa, ratos de buenas conversaciones. Es un placer acostumbrar el oído al nuevo ritmo que supone la lengua Yshir emparentada con el Ayoreo, y un gusto volver a cocinar con leña.

Cuando alguna mañana, en nuestro trabajo en la chacra, veíamos peligrar nuestro tereré por el vertido de miles de litros de gasolina en el río, nos acordábamos de aquellos para los que, unos kilómetros más abajo, dejan de llamarlo río para llamarlo Onota. Los vertidos provienen del lucrativo negocio del contrabando de combustible. Son los empujes de la famosa hidrovía que, cuando antes de salir de territorio paraguayo no encuentran comprador del previamente exagerado excedente -en total confabulación con la armada paragauaya destacada en Bahía Negra e inmersa en múltiples negocios ilegales-, se ven “obligados” a verterlo al río, para en su próximo viaje volver a poder declarar una necesidad mayor de gasolina para seguir haciéndose de oro, eso sí, solamente en los límites de Paraguay, que los brasileños son muy estrictos.

La ayuda internacional llega a Puerto Diana según nos cuentan en forma de ganado, promesas de dinero generado por el negocio de los bonos de carbono y herramientas para el trabajo del campo. Existen casos de fraude, existen casos de aprovechamiento de los recursos externos, pero a un pueblo no se le puede hacer creer que su futuro depende de lo que reciben de afuera. Muchos son los que gracias al libre uso de su idioma, la educación dentro de la comunidad y la toma de conciencia de la importancia de conservar los conocimientos que atesora una cultura como la Yshir, han llegado a la conclusión de que no será el tío de la República Checa quien les saque del atolladero mental al que han querido llevarles, y se han puesto a recuperar su tradición y a reclamar un trato justo con su cultura.

KUÑA GUAPA O LA ESPERANZA

Bahía Negra es ahora Kuña Guapa. Una Asociación de Productoras Chacreras que significa Mujer Trabajadora en lengua guaraní. Pero para nosotros esta asociación bahianegrense que conocimos a través de la familia de la Cueva, significa muchas cosas como esperanza, ayuda mútua, ilusión, respeto por el entorno, realidad, amistad, justicia, futuro…

Esperanza porque la gente de Bahía Negra empieza a ver que de ellos depende su futuro. No de multinacionales, ni de ONGs, ni de estancieros, ni de políticos. Sino de las iniciativas que de ellos nacen al calor de sus propias necesidades, como es el alimento.

Ayuda mútua porque las cosas funcionan en base a algo tan olvidado allá donde la cultura del consumo ha llegado. Donde existe un acuerdo en el cual el dinero no juega parte del intercambio, donde no hace falta llegar a contratos y las cosas no solo se dan por hecho, sino que se hacen. Cada cual realiza una y todas las tareas para sí y para los demás, cortar leña, trocear madera, pescar, cocinar, quemar rastrojo, lavar la ropa o cebar un tereré. Todos con una meta común.

Ilusión por no depender del dichoso barco que viene una vez a la semana para comer tomate, zanahoria, papa o mandioca a precios desorbitados. Por la ilusión de parejas jóvenes enfrascadas en un trabajo con sentido desde lo común.

Respeto por el entorno porque una hectárea de cultivo por familia no solo no hace mella en el territorio, sino que ayuda a no depender de grandes extensiones de cultivo que destrozan ecosistemas enteros, o de importaciones que en su trayecto consumen recursos energéticos valiosos.

Realidad porque está pasando. Porque esta es la base desde que el ser humano se puso a vivir en comunidad. Y porque en lugares donde hace mucho que no pasaba, se recupera.

Amistad porque es lo que sentimos entre aquellas familias, que desde el primer día nos brindaron un espacio donde aprender, compartir,  escuchar, ser tenidos en cuenta, reir y hasta llorar, pero de emoción.

Justicia porque es justo que quien tiene un proyecto como este pueda llevarlo a cabo aunque no tenga tierra. No olvidar que un gobierno con un dirigente en entredicho y ahora destituido con una extraña artimaña legal, fue el que impulsó algunas iniciativas como esta que están llevándose a cabo y que también han sido el eje sobre el que se ha movido su sepultura.

Futuro porque hay un germen que brota en el barrio norte de Bahía Negra y que esperamos se disperse por el resto de las casas…

FINAL DE ETAPA

Han sido dos meses y medio, y mil kilómetros de río Paraguay, con un mosaico de culturas unidas no por el guaraní (que no une a todos los pueblos), sino por el acto de compartir que está presente en todos los lugares que encontramos. Compartir es una palabra escuchada varias veces al día, y el tereré un arma de paz de efecto inmediato, que el simple hecho de ofrecerlo obliga a una mirada, una sonrisa, un saludo o un gracias. Acto ritual de entrada a una casa o una parada en el trabajo donde compartir una charla entre compañeros. Paraguay abre sus puertas, tanto que a ratos le comen el terreno y pierde su tierra. Que no cambie Paraguay en su forma de ser abierta y compartidora, hace que se sienta un lugar mágico y lleno de pequeñas alegrías diarias; y que por ese carácter envidiable no se deje engañar por su clase política, con la falsa democracia importada de occidente donde también hace muchos años que huele muy mal.

Seguimos rumbo a Bolivia a través del Pantanal. Una larga parada en Santa Cruz de la Sierra para hacer acopio de material, visitar gente y programar el intento de descenso del río Iténez o Gauporé hasta Guayaramerín. Mil kilómetros más de tierras bajas que siguen unidas por el agua y por las personas que las habitan.

GRACIAS PARAGUAY

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6 respuestas a Bahía Negra. La cultura Yshir y las Kuña Guapa

  1. Muy emocionante recordar a mi bahía negra después de tanto tiempo, soy clase 1963 de la. Guarnición Naval, que interesante puede ser tener noticias de algún compañero de mi promoción , soy trinedense, y ahora radico en Lima Perú , tal vez puedan decirme si en bahía negra todavía existe el famoso cabildo Donde hemos pasado Noche de murciélago , o el aereopuerto con su cementerio, suerte promoción desde Perú un fraternal abrazos a todos mi promoción FlorencioRuiz Rojas

  2. Luis dijo:

    Hoy 8 de agosto, día especial para ti, he leído tu viaje, y no sabes la envidia que me da las experiencias tan interesantes que estáis pasando; disfrutad de Bolivia.

    Un abrazo

  3. iosune dijo:

    Seguimos compartiendo vivencias, momentos, gentes, emociones……
    Un beso muy grande a los dos, por cierto, el negro sigue con las rastas? o se las ha tenido que cortar?

  4. Loli dijo:

    Fantasticas experiencias.
    La tierra, el trabajo, la amistad…. ¿Que percepcion tienen de Dios? Creo que habeis coincidido con algun sacerdote Español en el recorrido. ¿Habeis indagado algo a cerca del hecho religioso en estos pueblos? He estado mirando en Internet y hay misiones salesianas de religiosas en las zonas del Chaco Paraguayo. Me encantaria estar por allí. Besos

  5. Isabel dijo:

    Igualmente, gracias a tí, Pedro y a tí, Rubén, por todo lo que están compartiendo con nosotros, Un abrazo, Isabel

  6. Anita dijo:

    Gracias Pedro, por compartirte desde Paraguay, siguiendote……. sintiendote, a por Bolivia. Besos y abrazos ricos desde el alma.

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