Carmelo Peralta, la influencia brasileña y el pueblo Ayoreo


Carmelo Peralta es la entrada al Pantanal. Un mixtura de gentes y formas de vida en un entorno precioso. Los días pasan bajo la lluvia, conociendo todo lo que tiene que ofrecer una población de apenas 2.000 habitantes. La influencia brasileña ya se deja notar, la Isla Margarita ofrece el lugar de descanso perfecto y el pueblo Ayoreo lucha por mantenerse independiente en un entorno completamente ajeno a su tradición.

Está amaneciendo cuando descendemos del Aquidabán en Colonia Carmelo Peralta y el horizonte, lleno de colores, nos regala otro espactáculo gratuito de los que está lleno el río. Buscamos el lugar para instalarnos la semana que estaremos por aquí hasta que vuelva a subir el barco hacia el Norte, y mientras vamos descubriendo este hermoso lugar de unos 2.000 habitantes. Carmelo Peralta se extiende a lo largo de la orilla del río Paraguay, donde se intercalan enormes mangueros y casas elevadas sobre columnas de madera para protegerse de las crecidas, confiriendo a todo un aire caribeño y pausado, interrumpido los últimos días con la llegada de una lluvia casi permanente que limita nuestros movimientos.

Avanzando, apenas a un kilómetro al sur de Carmelo Peralta, empiezan a aparecer las casas de las comunidades Ayoreo que se asientan en esta parte del país –Cucaani, Isla Alta, Guidai Ichai, Tiogai y Punta-. Son casas bajas de madera con mucha vida fuera de ellas, donde la gente conversa mientras toma tereré, los niños juegan libremente, algunas mujeres tejen bolsos hechos de garabatá (Pseudannanas sagenarius), se juega al boley o se espera a alguien que quiera cruzar a la otra orilla.

En frente está Porto Murtinho, la ciudad brasilera situada más al sur sobre el río Paraguay, de donde destacan sus muros de contención construidos en la ribera para protegerse de las inundaciones y la enorme bandera brasileña que ondea en la plaza principal. Y entre medias de ambos, Isla Margarita, una pequeña isla habitada perteneciente a Paraguay y destino final de nuestros huesos molidos por el suelo del Aquidabán, después de un primer intento en la orilla de Carmelo Peralta, donde los mosquitos son dueños y señores de todo.

Lo que no cambia es la disposición de la gente que nos sale al paso, y que continúa con la tónica del viaje, la de la sonrisa fácil y la palabra amable ante cualquier pregunta.

LA INFLUENCIA BRASILERA

Aquí ya empieza a sentirse la influencia brasilera. El gigante que allí donde entra en contacto con sus vecinos, ejerce un influjo abrumador. El idioma se va entreverando con el castellano y el guaraní. La música y la televisión brasilera también puede verse y oirse en las casas paraguayas. Además, aquí la actividad brasilera es el sustento de muchas familias. La dinámica económica de esta zona pasa por la vida fazendeira en las estancias a uno y otro lado del río y el exclusivo turismo brasileño de pesca, que según la temporada acapara gran parte de la actividad diaria de muchos habitantes a través de la venta de carnada y el trabajo en los barcos de recreo. El transporte de pasajeros entre el lado paraguayo y el brasilero también es generador de ingresos, sobre todo para los Ayoreo que con sus deslizadoras cruzan una y otra vez el río. También se ven algunas pequeñas chacras de mandioca y batata que se cultivan para el sustento básico y la venta de pequeños excedentes.

Brasil, con una posición de superioridad económica en el Sur que se refleja en las relaciones que mantiene con el resto de países de Sudamérica -con sus megaproyectos hidroeléctricos, ganaderos, hidrocarburíferos, etc-, es un grandísimo especialista en ejercer una influencia casi colonizadora en las fronteras que tienen con sus vecinos y que les lleva a extender su poder más allá de las suyas. La población aquí lleva bien la relaciones entre ambos países y lo percibe como una fuente de ingresos, aunque sí se reflexiona acerca de la pérdida de autonomía por la posesión de la tierra y los negocios.

Hasta Murtinho se acercan estas noches algunos de los habitantes de Carmelo para asistir al rodeo. Un espectáculo a todo tren digno de los shows televisivos estadounidenses, que entremezcla la exaltación de la patria, el entretenimiento y las proclamas religiosas como nexo unificador del país.

EL PUEBLO AYOREO. ENTRE EL EAMI Y LOS COÑONE

El pueblo ayoreo fue contactado por los coñone -como ellos llaman a los blancos– apenas hace 60 años, cuando empezaron a explotarse los territorios en donde habitaban en total equilibrio con su entorno. El proyecto ferroviario al sur de Bolivia y la venta del Chaco para explotaciones tanineras, ganaderas y especuladoras, hicieron que los Ayoreo, tradicionalmente guerreros y nómadas, se enfrentasen con aquellos que trabajaban dentro de su tierra y comenzasen a tener miedo de lo que podría ocurrirles.

Ante esta situación, las autoridades de ambos países solicitaron a la iglesia católica, menonitas y evangélicos que les ayudasen a sedentarizar a los “salvajes” que tantos problemas estaban causando a sus proyectos. Poco a poco, con el miedo ante lo que estaba ocurriendo -dándose el caso de que el primer contactado, un niño, fue atrapado y exhibido en una jaula como si se tratase de un animal-, diferentes grupos fueron saliendo del monte y sumándose a estas misiones, atraídos por la idea de vivir una vida mejor. Todo esto hizo que fuese sencilla la colonización de los territorios para su uso ganadero y extractivo ante la ausencia de sus moradores originarios.

Una de las zonas donde se asentaron con las misiones en 1962 fue esta de Carmelo Peralta, y aquí siguen tras la titulación de 20.000 has al pueblo Ayoreo -dicho sea de paso, terreno que no forma parte de sus tierras originarias-, donadas por la orden salesiana que las compró en su día. Después de estos días, tras conversar con la gente Ayoreo que vive en las colonias de Carmelo Peralta, nos llevamos la impresión de que, evidentemente, han transformado mucho el uso que hacen del monte estando sedentarizados. Cambiando en poco tiempo muchas de sus costumbres, adoptando la forma de vivir de la sociedad que les rodea en cuanto a la obtención de ingresos económicos, a su apariencia externa, el aumento de la prostitución entre la población, el consumo de bienes materiales y otras sustancias propias de la sociedad occidental –como el alcohol-.

A pesar de todo esto, y tal y como aparece en el Informe IWGIA sobre El Caso Ayoreo en Paraguay, hemos podido comprobar que se guarda un sentimiento de pertenencia a un pueblo ancestral, se mantienen costumbres muy vivas y muchas de sus actitudes ante la vida siguen guardando la esencia de su cultura tradicional, como por ejemplo:

Una querencia por moverse más allá del limite de los territorios titulados –muchos prefieren trabajar lejos de su casa, hasta trabajando en Brasil por menos dinero, por el hecho de conocer nuevas tierras-.

La pérdida de valor de los bienes materiales –compran productos caros con lo que ganan, pero son capaces de desecharlos al poco de adquirirlos-.

La confianza en la naturaleza, en el mundo y en sí mismos –siguen extrayendo miel, cazando a menor escala, cultivando en pequeñas chacras, son los mejores pescadores no teniendo competencia en la venta de carnada a los turistas, demostrando un conocimiento del comportamiento de la naturaleza excepcional. Y siguen respetando a sus hermanos que aún viven en el monte-.

El alto grado de autonomía personal dentro de las estructuras de organización colectiva -demostrándose también en la segregación de las comunidades, que en un principio juntaron en una más grande, de nuevo en varias con el paso del tiempo.

Y la visión de equidad y respeto frente al mundo y el resto de sus habitantes.

Hoy en día se sigue comerciando con el territorio Ayoreo, donde aún habitan grupos que voluntariamente decidieron no entrar en contacto con los coñone. Estos grupos que viven aislados y que no quieren cambiar su manera ancestral de vivir, siguen respetando su Eami, término que en clave occidental podría ser traducido como “patria”, toda vez que entendamos esta palabra no en sentido nacionalista -protegido por fronteras, escudos y estereotipos-, sino como espacio compartido, animado por los imaginarios comunes y por el deseo continuo de conservar y producir comunidad. […] Si se desconoce la legislación vigente, si no se detiene la usurpación de los territorios Ayoreo y la destrucción de sus hábitats físicos y simbólicos, en poco tiempo habremos perdido no sólo la compleja riqueza del medioambiente sino la potencia de una cultura viva y resistente, obstinadamente refugiada en los bosques o dispuesta a asumir el conficto transcultural de acuerdo a modelos propios, a las normas de sus mundos particulares.(1)

DESPEDIDA

Nos vamos de Carmelo Peralta, Isla Margarita, La Punta, Porto Murtinho, con pena por marchar. Han sido 7 días basados en la isla de convivencia excepcional con sus habitantes. Donde un día puede empezar en casa de un vecino tomando tereré, la tarde continuar pescando en las orillas y acabar cocinando en casa de alguien, compartiendo un plato caliente mientras afuera diluvia. Esto es la otramérica, la de la gente de a pie que lucha cada día, trabaja, sonríe, respeta y comparte.

Nos encaminamos hacia Bahía Negra en el Aquidabán, con la previsión de no poder conectarnos de nuevo a internet hasta que pasemos el Pantanal. Intentaremos compartir unos días con el pueblo Ishir y también acercarnos a la Estación Biológica de Tres Gigantes y su entorno. Después buscaremos la manera de cruzar el Pantanal. Posiblemente estemos casi un mes sin dar señales. Hasta entonces.

(1) Ticio escobar, en el Informe IWGIA | Paraguay | El Caso Ayoreo.
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Una respuesta a Carmelo Peralta, la influencia brasileña y el pueblo Ayoreo

  1. Ana dijo:

    EN NA’ LOS VOLVEMOS A LEER!!! DISFRUTEN. MILES DE BESOS.

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