Esperando en la “zona roja”


Cuarenta y ocho horas de espera en Puerto Botánico para poder salir finalmente en el Cacique II, que parte hoy jueves a medio día. Tantas horas de espera dan mucho de sí para perderse entre la vida del barrio que conforma Puerto Botánico, calle arriba y calle abajo, en pequeñas ventas, en el astillero, en la cancha de fútbol, para compartir ratos de conversación con sus vecinos.

Para llegar a Puerto Botánico tomamos el colectivo durante casi una hora con la ilusión que nos produce empezar el viaje por el río que supone el comienzo de la ruta por las tierras bajas de Suramérica. Te apeas en una curva que te lleva directamente hacia la recta que te pone en el puerto en poco menos de un kilómetro y que es la vía principal de este barrio costero. Atrás queda Asunción, una ciudad que vive de espaldas al río, esto es el Barrio de Puerto Botánico, aquí se respira la brisa fluvial y la vida de la ribera empieza a sentirse con el trajín de coches y sacos de cal, que entran y salen de la fábrica instalada junto al puerto y que van dirección al norte y al sur en los cargueros. A lo largo de la bajada, a ambos lados de una calle sin empedrar ni asfaltar, se van sucediendo casas bajas y negocios familiares que mantienen una economía de subsistencia que da de comer a mucha gente por aquí y por media América, la América que vive al día y que con mucho esfuerzo y mucha alegría sale adelante a pesar de vivir con la limitación -material- que te impone la cuna.

Lo que no es limitado es la simpatía que desprende la gente en cuanto cruzan la mirada y comienzan los saludos, su hospitalidad hizo que para la primera noche de espera consiguiéramos un viejo carguero encallado dentro del astillero, donde poder colocar la hamaca y dormir bien bajo un techo algo herrumbroso y oxidado que nos salvó del aguacero que ha caído a lo largo de todo el día de ayer y parte de la noche. Todo un gesto de buena voluntad por parte del Sr. Morales, el responsable del lugar, que con una conversación pausada y tremendamente amable, rápido se interesó por nuestras intenciones de viajar a Concepción por barco en una ruta que está totalmente en desuso para pasajeros, y que con un gesto avisó a uno de los chicos que trabajan con él para que, entre risas con sus compañeros e inteligibles palabras en guaraní, nos acompañase a nuestro primer alojamiento ribereño. Empezamos a vivir esa hospitalidad sobre la cual habla Román Morales en Caminos de Agua, y que tienen las gentes del río, ese código no escrito y en el que uno puede sentirse seguro siempre que encuentre gente a sus orillas, ya que siempre serás ayudado al menos con un lugar donde poder poner tu hamaca, un techo los días de lluvia, un fuego para cocinar o una parcela en donde poder poner tu tienda de campaña.

Hoy el barrio continúa hecho un barrizal, pero se pasea a gusto en este pequeño caos donde convive mucha gente, los charcos toman casi todo el ancho del camino, la circulación es multidireccional en cada calle y cada carril, y muchos animales que en principio deberían perseguirse conviven pacíficamente a excepción de alguna trifulca motivada por el celo -perros mezclados con chanchos, vacas, caballos, gallinas, gatos…-. Ayer la tarde llegó el Cacique II, pero hasta dentro de unas horas no saldremos porque no quisieron navegar con la lluvia. Hoy ya no llueve y el sol brilla, desde las 6:30 Esteban, el joven cocinero del barco, prepara el desayuno y lo necesario para ir adelantando la comida de una tripulación conformada por un capitán, un cocinero y tres marineros, casi todo gente joven que en seguida nos hicieron el hueco para colgar de nuevo las hamacas y pasar la noche en el barco que principalmente llevan encomiendas de muebles, motos, cerveza, cuadros de santos de gran formato y cal, mucha cal que impregna nuestra ropa y nuestra cara de la cual no se nos quita la sonrisa.

Llaman “Zona Roja” o “Zona Baja” a las partes de Asunción donde el asfaltado no existe, el vecindario es del origen más humilde, donde supuestamente hay más inseguridad o desde donde sale la inseguridad hacia el resto de la ciudad… y donde no se paga por la electricidad, suponemos que a los gobernantes les dará vergüenza cobrarles por una electricidad que sale de una planta hidroeléctrica que produce el 400% más de energía de la que necesita el país, mientras no asfaltan ni dotan de servicios sus calles-.

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4 respuestas a Esperando en la “zona roja”

  1. negrin dijo:

    Que grandes reflexiones pedrin, que suerte tengo de conocer en primera persona aquello de lo que hablas , que suerte tengo de compartir este viajazo contigo y de empaparme de las tierras bajas y su gente… y estamos empezando…

  2. pepe dijo:

    Chicos disfruten y negro no pierdas nada!!!!!!!!!!!!!!!

    • negrin dijo:

      gracias pepincho! sabes que lo haremos… ah por cierto lo unico que tengo perdido es a ti mira a ver si te animas y te unes en algun momento seria un luhoo!!! un abrazo!!

  3. Ana dijo:

    YUUUPPIIIIIII!!!!!!!! COMENZAMOS A VIAJAR POR EL RÍO, FELIZ Y FACIL VIAJE. GRACIAS POR COMPARTIR. QUE BIEN ESCRIBES MI NIÑO!!! JIJIJIJIJI

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